Mengchang, el señor de la ciudad, mantenía a Xiahou Zhang, otorgándole cuatro caballos y el trato de cien hombres para su sustento, honrándolo con gran generosidad. Sin embargo, cada vez que Xiahou Zhang hablaba, no dejaba de difamar a Mengchang. Alguien informó de esto a Mengchang, quien dijo: "Tengo mi propia manera de tratar al señor Xiahou; no hay necesidad de que ustedes digan más." Dong Zhi Fanqing llevó este asunto a Xiahou Zhang para preguntarle, y Xiahou Zhang respondió: "La posición de Mengchang no es la de un señor feudal, y aun así me mantiene con el estándar de cuatro caballos y cien hombres. No poseo virtud alguna y, no obstante, recibo tal trato; temo que él considere que no soy digno de semejante favor, por lo que deliberadamente lo difamo, para así resaltar la virtud de Mengchang. Además, he oído que el hombre noble, al hacer el bien a otros, no exige recompensa; el hombre mezquino, al hacer el bien, siempre exige retribución. Al difamarlo, en realidad estoy proclamando su excelencia."
💡 商战启示录
La estrategia de "retroceder para avanzar" de Xiahou Zhang puede considerarse, en el ámbito empresarial moderno, una forma de "marketing inverso de marca" o una "prueba de presión". Por ejemplo, Elon Musk, CEO de Tesla, suele criticar públicamente las deficiencias de sus propios productos e incluso se burla de sí mismo, lo que paradójicamente genera una gran atención por parte de usuarios y medios, reforzando la imagen de la marca como "auténtica e innovadora". De igual modo, Ren Zhengfei, de Huawei, ha manifestado en múltiples discursos internos las crisis de la empresa y ha revelado activamente sus debilidades, lo que no solo alerta al equipo, sino que también transmite al exterior una imagen de solidez basada en la "previsión ante el peligro", fortaleciendo así la confianza de clientes e inversores. En negociaciones comerciales o crisis de relaciones públicas, que los líderes expongan moderadamente sus "puntos débiles" o acepten críticas externas suele despertar un sentido de responsabilidad y lealtad entre las partes interesadas, generando un efecto comunicativo donde "lo negativo se convierte en positivo". No obstante, esta estrategia debe sustentarse en la fortaleza real y la integridad; si se recurre a la autocrítica deliberada únicamente para llamar la atención, podría resultar contraproducente. La verdadera sabiduría reside en utilizar la aparente "autocrítica" para poner a prueba la cohesión interna, o valerse del cuestionamiento externo para demostrar la apertura y confianza de la empresa, transformando en última instancia las voces negativas en una palanca para elevar el valor de la marca.